lunes, 13 de febrero de 2012

Me siento a contemplar

Me siento a contemplar todos los dolores del mundo y toda la
opresión y la vergüenza.
Oigo los sollozos convulsivos, secretos, de los jóvenes en
conflicto consigo mismos, arrepentidos de sus actos,
Veo en el arroyo a la madre ultrajada por sus hijos, que muere
abandonada, extenuada, desesperada,
Veo a la mujer ultrajada por su marido, veo al seductor infame
de las jóvenes,
Observo el encono de los cielos y el amor desdeñado que
intenta ocultarse, veo estos espectáculos sobre la tierra,
Veo los efectos de las batallas, de la peste, de la tiranía, veo a
los mártires y prisioneros,
Observo el hambre en el mar y a los marineros echando suertes
para ver cuál habrá de morir para salvar la vida a los otros,
Observo las humillaciones y degradaciones impuestas por los
orgullosos a los obreros, a los pobres, a los negros;
Todas estas cosas, todas las vilezas y agonías sin fin me siento
a contemplar,
A ver, a oír, y permanezco mudo.

Walt Whitman




(Fotografía: Louisa Gouliamaki (AFP). http://www.elpais.es/)

Anillos, el trofeo más valioso

En la simbología, los anillos comparten en cierta medida la representación del círculo como símbolo de eternidad, continuidad, poder... Pocos deportes en el mundo otorgan un anillo como representación del éxito y la gloria conseguida. Para ser más exactos, sólo unos cuantos deportes norteamericanos los conceden. En la NBA son los equipos quienes los encargan, especialmente diseñados y personalizados, para cada uno de los responsables del título. No existe mayor trofeo para un jugador de baloncesto americano que portar el anillo de campeón.
Sin embargo, si los comparamos con otros trofeos, veremos que los anillos son las piezas más pequeñas de cuantas se ofrecen a un campeón. Existen muchos trofeos originales a lo largo del mundo del deporte. El valor de muchos de ellos no reside en su precio o en el brillo sino en la representación del esfuerzo, del triunfo, del sacrificio y de la meta alcanzada. En definitiva, en la satisfacción de haber dado lo mejor, del trabajo bien hecho, del final del camino recorrido..."de cuando fuimos campeones".

lunes, 6 de febrero de 2012

Calidoscopio

En 1949 Ray Bradbury escribió Calidoscopio. Es un cuento acerca de un cohete que estalla y arroja a sus astronautas el espacio desconocido. Hasta ahí el resumen. Lo que ocurre después es, según la opinión de cada uno claro está, una auténtica maravilla. Por qué le puso este título Bradbury a su cuento...es lo mejor de leerlo.
Pero tal vez lo más precioso de este pequeño relato sea la profunda enseñanza que deja. Una lección que hoy más que nunca no deberíamos olvidar. Y digo olvidar porque es algo que nos han enseñado a todos. Y que muchas veces, en el día a día, lo vemos repetido. Pero nos cuesta abrir los ojos. Nos cuesta recordar, sentir, pensar...
Y así se nos pasan los días y llega la noche...y así como la noche es el final del día y podemos aún hacer que sea especial, así de sorprendente, especial y simplemente bello es el final de este cuento. Aquí está un link donde poder leerlo:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bradbury/calidos.htm

El cuento forma parte de una serie de relatos que están reunidos en un libro titulado "El hombre ilustrado", también de Ray Bradbury.

Seis Naciones

Este sábado pasado dio inicio el torneo de rugby del Seis Naciones. Creo (no estoy muy seguro) que el rugby dio nacimiento al fútbol. El rugby es un deporte de contacto físico extremo. Con el transcurso de los años la protección de los jugadores ha ido creciendo. El desarrollo de la tecnología y su aplicación en el deporte y la evolución de las aptitudes físicas de los deportistas no ha disminuido el impacto del contacto físico, todo lo contrario, lo ha incrementado.

Pero aún así, el rugby mantiene uno de sus valores más apreciados: la caballerosidad. Es verdad que durante un partido hay momentos de mucha tensión y que a veces se pueden perder las formas. Esto es innegable. Pero es nada. Proporcionalmente al contacto y a los golpes suele quedar en anécdota. Al final del partido se hace pasillo al ganador y se disfruta del tercer tiempo. Me ha costado mucho encontrar durante un partido de rugby protestas airadas al árbitro, excusas de una jugada de fallo desafortunado por parte de los árbitros. Juegan 30 hombres en un campo en donde deben apoyar una pelota sobre la hierba. Treinta jugadores y un árbitro. Piénsenlo por favor y comparen esto con el fútbol de la actualidad.

En el fútbol actual participan la mayoría de las veces, 22 jugadores intentando engañar a un sólo señor. Veintidós mentirosos que se tiran, que pegan cobardemente, que mienten y que al final del partido lloran junto con sus entrenadores y sus presidentes (y algunos periodistas) porque un señor al que han estado intentando engañar durante 90 minutos se ha equivocado y les ha perjudicado. Y entonces luego, conjuran complots, engaños globales y un cantidad tan grande de basura que cuesta comprender.

El fútbol se está convirtiendo en un deporte de llorones que no saben aceptar una de las reglas más honrosas del deporte: perder. Y se machaca cobardemente a una persona a la que en vez de ayudar se intenta perjudicar antes, durante y después de un partido.

El fútbol también se ha beneficiado de la tecnología. Pero al revés del rugby no ha mantenido sus valores de deportividad, honor y caballerosidad. Los ha perdido. Quizás el tan amado globalmente deporte del fútbol debería mirar a ese otro deporte que le dio vida y a otros que sin ser tan grandes mantienen la esencia de lo que es el deporte: una competencia donde gana el mejor. Y el ganador se comporta caballerosamente y el perdedor lo hace con honor.