Hoy ha empezado el Tour de Francia. Lo hace con una contrarreloj individual en Mónaco. Ciudad más asociada con el placer, el juego, el relax y el deporte motor, que con grandes sacrificios físicos como los que requiere el ciclismo. Será un Tour especial. Me imagino que como siempre, la afición estará polarizada entre aquellos que quieren ver triunfar a Lance Armstrong y los que quieren verle fracasar en su regreso (a los 38 años) a la máxima competición mundial. Y en medio el Astaná. Y Alberto Contador. Y todo el mar de especulaciones acerca de su duelo con Armstrong. Espero y deseo un Tour bonito. De noticias en los duros puertos de montaña, en los calurosos kilómetros de contrarreloj. En la soledad que siente interiormente cada ciclista en su sacrificio diario. No deseo un Tour de "periódicos". Lleno de informaciones que no aportan nada. No deseo un Tour de tramposos. De esperar el final de esta carrera para ver si se atrapa al tramposo de turno. Lo espero por el bien del ciclismo. Por el bien de un triunfo limpio y justo. Para tranquilidad de Contador. Para engrandecer, sea cual sea el resultado de su carrera, la leyenda de Lance Armstrong. Porque se lo merece el ciclismo. Porque lo merece el Tour. La carrera más hermosa del mundo. Lejos del placer de Mónaco. De los hoteles lujosos. De médicos de dudosa reputación y honor. Lejos de las mentiras, las trampas y los registros. Sólo cerca del pelotón. Ese organismo vivo que se estira y encoge a lo largo de los kilómetros de cada etapa. Cerca de la extenuación de subir a más de 2.000 metros y emocionarte viendo a dónde es capaz de llegar el cuerpo humano. Pero sin trampas. A nadie le importa la media de velocidad. A nadie le importa si se sube más o menos rápido. Lo que importa y emociona son esos tipos delgaduchos capaces de recorrer más de cien kilómetros para luego subir rampas que "los mortales" ni nos atrevemos a pie. De eso se trata. De un desafío. De engrandecer un clásico. Aún más. De recordar una leyenda. De vivir un deporte. De recordar que se puede. Con sacrificio y sin mentiras. La victoria sabe mejor. Siempre.sábado 4 de julio de 2009
Una incógnita
Hoy ha empezado el Tour de Francia. Lo hace con una contrarreloj individual en Mónaco. Ciudad más asociada con el placer, el juego, el relax y el deporte motor, que con grandes sacrificios físicos como los que requiere el ciclismo. Será un Tour especial. Me imagino que como siempre, la afición estará polarizada entre aquellos que quieren ver triunfar a Lance Armstrong y los que quieren verle fracasar en su regreso (a los 38 años) a la máxima competición mundial. Y en medio el Astaná. Y Alberto Contador. Y todo el mar de especulaciones acerca de su duelo con Armstrong. Espero y deseo un Tour bonito. De noticias en los duros puertos de montaña, en los calurosos kilómetros de contrarreloj. En la soledad que siente interiormente cada ciclista en su sacrificio diario. No deseo un Tour de "periódicos". Lleno de informaciones que no aportan nada. No deseo un Tour de tramposos. De esperar el final de esta carrera para ver si se atrapa al tramposo de turno. Lo espero por el bien del ciclismo. Por el bien de un triunfo limpio y justo. Para tranquilidad de Contador. Para engrandecer, sea cual sea el resultado de su carrera, la leyenda de Lance Armstrong. Porque se lo merece el ciclismo. Porque lo merece el Tour. La carrera más hermosa del mundo. Lejos del placer de Mónaco. De los hoteles lujosos. De médicos de dudosa reputación y honor. Lejos de las mentiras, las trampas y los registros. Sólo cerca del pelotón. Ese organismo vivo que se estira y encoge a lo largo de los kilómetros de cada etapa. Cerca de la extenuación de subir a más de 2.000 metros y emocionarte viendo a dónde es capaz de llegar el cuerpo humano. Pero sin trampas. A nadie le importa la media de velocidad. A nadie le importa si se sube más o menos rápido. Lo que importa y emociona son esos tipos delgaduchos capaces de recorrer más de cien kilómetros para luego subir rampas que "los mortales" ni nos atrevemos a pie. De eso se trata. De un desafío. De engrandecer un clásico. Aún más. De recordar una leyenda. De vivir un deporte. De recordar que se puede. Con sacrificio y sin mentiras. La victoria sabe mejor. Siempre.
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