
Hace un tiempo atrás escribí un par de entradas sobre Norman Rockwell. En una de ellas hacía referencia al artista y su obra. En la otra, usaba como ejemplo uno de sus cuadros para retratar la inocencia perdida. Este cuadro mostraba a un niño en el preciso momento de descubrir la ropa de Papa Noel de su padre en un cajón. No voy a describir el cuadro que ahora mismo les muestro. Sin embargo, mientras navegaba por ahí en la red, encontré un anuncio gráfico de Tylenol (un analgésico contra el dolor de cabeza creo) que me recordó muchísimo a aquel cuadro de Rockwell. A mi, particularmente, no me molestan estas coincidencias, similitudes o como quiera uno llamarle. Lo más seguro es que la agencia de publicidad que lo ideó sabía de la existencia de la obra de Rockwell y apeló a ella. Es cosa de creativos, de marcas, de agencias y de la publicidad. No la voy a juzgar en este post. Luego, que esta idea funcione o no es otra cosa. A mi me gustó. No tanto como el cuadro de Rockwell claro está. Porque aparte, éste último no nos está vendiendo nada y eso lo hace aún más genuino y transparente.
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