

No he tenido el privilegio de vivir las rivalidades de Alí con sus adversarios. Tampoco las de Björn Borg con McEnroe o con Connors. Ni siquiera las de Bill Russell con Wilt Chamberlain. Vi las de Prost con Senna, las de Larry Bird con Magic Johnson o las de Jordan con sus rivales y algunas más. Pero juro que jamás he visto algo más noble y que dignifique al deporte como la rivalidad que mantienen Nadal y Federer. Es simplemente algo único. Si uno pensaba que luego del inolvidable Wimbledon ganado por Nadal el año pasado y del posterior comportamiento y reconocimiento de Federer, se había tocado techo, entonces que lejos estábamos de esta gloria. Nadal y Federer representan aquello por lo que uno ahorraría todo un año para ver deporte. Representan la esencia de cuanta organización, federación o asociación quisieran para sus respectivos deportes. No sólo es indiscutible su talento, ahora también lo es su hombría, su transparencia y su nobleza. Nadal es un auténtico diamante y Federer parece un tenista que atravesó el tiempo. Sus lágrimas y el consuelo de Nadal son ya una fotografía histórica. No sólo de su rivalidad sino de la esencia de lo que debe ser un deporte. De lo que no debemos olvidar jamás que es el deporte. Les dejo la foto en cuestión y los dos gráficos (como una excusa) de la previa de Nadal con Verdasco y con Federer.
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